Caracas – Barcelona

La puerta está abierta.

Yo vengo de haber escuchado un deseo y de admitir que me entiendo con los gatos.
He vuelto a cruzar el umbral dispuesta a vaciar relojes.

Sé lo que me antecede y lo que me sucede y no me quejo.

Regreso para tejer un hilo nuevo porque me había dejado cosas en el vientre de mi madre.

La puerta tiene que cerrarse y yo me quedo de este lado, en una habitación por ordenar:

la habitación de los trastos

la habitación de mis trastos.

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